Este sábado 7 de febrero de 2026, el mundo del baloncesto conmemora el tercer aniversario de la noche en que LeBron James desafió las leyes de la lógica y el tiempo para convertirse en el máximo anotador de todos los tiempos.
La verdad es que hay momentos en la historia del deporte que parecen suspendidos en el ámbar de la eternidad. Este sábado 7 de febrero de 2026 no es solo una fecha más en el agitado calendario de la NBA; es el recordatorio de una gesta que, hace exactamente tres años, redefinió lo que creíamos posible sobre la resistencia humana. Aquella noche de 2023, bajo los focos del Crypto.com Arena, un fadeaway de media distancia contra los Oklahoma City Thunder elevó a LeBron James al trono absoluto de los anotadores, superando los 38,387 puntos de Kareem Abdul-Jabbar. Y es que, tres años después, el eco de aquel balón acariciando la red sigue resonando como el testimonio de una disciplina que roza lo místico.
El argumento central de la carrera de James no es simplemente la acumulación de estadísticas, sino la victoria de la consistencia sobre el desgaste natural. En este 2026, con la perspectiva que otorgan los mil días transcurridos, entendemos que aquel récord no fue un destino, sino la consecuencia lógica de un profesionalismo casi religioso. Según reportes analíticos de la cadena ESPN, el mantenimiento físico de LeBron —que implica una inversión anual millonaria en tecnología de recuperación y nutrición— ha permitido que su rendimiento no se desmorone, sino que se transforme. La verdad es que verlo competir a este nivel, incluso en el ocaso de su carrera profesional, es presenciar una anomalía estadística que desafía cualquier modelo predictivo previo.
La evolución de un depredador del aro
Lo cierto es que la longevidad de James ha obligado a los historiadores del baloncesto a reescribir sus criterios de evaluación. Si Kareem Abdul-Jabbar cimentó su récord en el imbatible «Skyhook» y una presencia física dominante en la pintura, LeBron lo hizo a través de una metamorfosis constante. Es por ello que su récord es tan especial: pasó de ser un atleta explosivo que atacaba el aro con la furia de un tren de carga a convertirse en un tirador perimetral letal y un estratega capaz de leer la defensa antes de que esta se posicione. Como bien señala el portal oficial de la NBA en sus archivos históricos, la versatilidad de James es lo que le permitió superar una marca que permaneció inamovible durante casi cuatro décadas.
Además, el peso emocional de aquel 7 de febrero de 2023 sigue presente en la memoria colectiva de los aficionados. No fue solo un récord; fue el relevo de una antorcha entre dos gigantes que personifican la dignidad dentro y fuera de la duela. La verdad es que la imagen de Kareem entregando el balón a LeBron en el centro de la cancha sigue siendo, tres años después, el símbolo de un respeto que trasciende las rivalidades de equipo. Es una analogía perfecta de lo que el deporte debería ser: una escalera donde cada generación se apoya en los hombros de la anterior para alcanzar nuevas alturas.
El legado en la era de los nuevos gigantes
En este 2026, donde una nueva camada de talentos —liderada por figuras que apenas eran niños cuando LeBron ya era una estrella— domina la liga, el récord de anotación se mantiene como un faro de excelencia. Y es que la métrica del éxito ha cambiado. Ya no solo se busca el brillo fugaz, sino la permanencia que James ha institucionalizado. Es por ello que cada vez que un joven talento anota cuarenta puntos en una noche, la comparación con la regularidad de «The King» surge de forma inevitable. La verdad es que LeBron no solo batió un récord; estableció un estándar de profesionalismo que ha obligado a toda la liga a elevar sus protocolos de cuidado y preparación.
Lo cierto es que el impacto de LeBron James va mucho más allá de las canastas convertidas. Su influencia en la cultura del baloncesto, su capacidad para empoderar a otros jugadores y su visión para los negocios han convertido su figura en una institución global. Sin embargo, cuando el ruido de los negocios y la mercadotecnia se apaga, lo que queda es la pureza de aquel tiro en 2023. Aquella parábola perfecta que nos recordó que el tiempo, aunque implacable, puede ser negociado por aquellos que poseen una voluntad inquebrantable.
Al final del día, este aniversario nos invita a la pausa y al asombro. Celebrar los tres años del récord es reconocer que la grandeza no es un evento fortuito, sino una construcción diaria hecha de sudor, sacrificio y una ambición que no conoce el descanso. James sigue ahí, con la corona firme, recordándonos que los límites solo existen para quienes no tienen el coraje de desafiarlos. La verdad es que, en la historia de la NBA, habrá muchos anotadores brillantes, pero difícilmente volveremos a ver a alguien que trate al tiempo con tanta familiaridad y respeto. Este sábado, el trono sigue ocupado, y el rugido de aquel 7 de febrero de 2023 todavía nos pone la piel de gallina.